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DECIDE SER FELIZ

Y DEJA DE QUEJARTE

INTRODUCCIÓN

Ser feliz es una decisión, no una obligación

  Nadie puede ser feliz por ti, ni tener éxito por ti o vivir una vida plena por ti. Es más, absolutamente nadie tiene, ni tendrá jamás, la potestad para obligarte a ser feliz y tener éxito, si tú no quieres. Si deseas triunfar en los negocios o en cualquier otra área de la vida, necesitas entender que ser feliz es una decisión que solo tú debes tomar, pues nadie la tomará por ti.

 

      Y si estas afirmaciones te parecen algo extremas, la siguiente te hará ir de espaldas: ¡No estás obligado a ser feliz, si no lo deseas! Si prefieres vivir una vida infeliz, mediocre y poco productiva, estás en tu derecho de hacerlo. En síntesis, ¡ser feliz es una decisión, no una obligación! Y lo que en realidad debes plantearte es: ¿quieres ser feliz? ¿Te entusiasma la idea de triunfar y lograr tus metas? ¿Estás dispuesto a hacer lo que sea para realizar tus sueños? Si la respuesta es sí, este libro es para ti. Así que empecemos.

 

      Con tu permiso, quiero comenzar con dos de esas verdades que, aunque quisiéramos, no podríamos cuestionar. La primera es que en esta tierra no existen vidas perfectas; la segunda es que lo único seguro que hay en la vida es la muerte.

 

      Entonces, con las cartas ya sobre la mesa, tú y yo solo tenemos una única opción, jugar el juego de la vida, pues el otro ya lo perdimos desde que nacimos.

 

      Como verás, escribí este libro con la intención de ser directa, práctica y sobre todo sincera porque no quiero que perdamos tiempo, pues la felicidad no da espera. Si buscas una vida perfecta, tal vez te equivocaste al elegir esta lectura, ya que ella te dará solo unas bases para alcanzar esa utopía. Pero si de verdad sientes el deseo de cambiar tu mundo y tu entorno de manera positiva, ¡adelante! Esto es lo que estabas esperando.

      Seamos claros: no creas que tú sí conoces a alguien cuya vida es perfecta. Ni el más rico de los ricos, ni tu estrella favorita del cine, ni el rockstar que sigues en las redes sociales, ni el mejor jugador de fútbol del mundo, ni tu vecina a la que quizás envidias, ninguno de ellos ha logrado construir una vida perfecta. Más allá de la felicidad y la abundancia, todos tenemos días tristes, difíciles, dolorosos; todos perdemos seres queridos, tenemos dificultades económicas, sufrimos desengaños amorosos y afrontamos situaciones que nos hacen casi desfallecer.


      Sin embargo, sí, sí y sí existen muchas personas felices en el mundo y seguro algunas de las que te acabo de enumerar también lo son, pero me arriesgaría a decir que tú no lo eres del todo y que por eso estás leyendo

este libro, buscando respuestas y fórmulas mágicas para pasarla bien en este largo y a la vez corto camino, aun a pesar de tus posibles tristes historias y “tragedias” del pasado.

 

      Pero como no me gusta hacer suposiciones, te diré una verdad que he comprobado a lo largo de mi existencia —pues yo también tengo tristes historias y aprendizajes del pasado— la cual quiero transmitirte con toda sinceridad; y mejor aún, me encantaría contagiarte de ella: la felicidad es una decisión, no una obligación.

 

      Hace algunos años, yo pensaba que disfrutaba de una vida perfecta. Fue durante una época en que vivía con mi hija —que iniciaba su etapa de adolescencia—. Tenía mi propio programa de televisión y no afrontaba ninguna clase de problemas económicos. ¡Ah! Y me regodeaba diciendo que no necesitaba enamorarme de nadie, que eso del amor en pareja no era importante, ni fundamental en mi vida —y como ya había tenido experiencias difíciles, ese era mi mecanismo de defensa para autoconvencerme de que sola estaba feliz. ¿Sería cierto?

 

      Una mañana, antes de salir a trabajar, mientras preparaba un delicioso jugo con mi mamá, que estaba visitándome, recibí una llamada de alguien del canal de televisión en el que se emitía mi programa.

 

      De repente, me quedé muda, el vaso de jugo se me cayó al piso y estalló en mil pedazos. Mi madre me miraba atónita tratando de entender qué me estaban diciendo al otro lado de la línea.

 

      ¿Que qué me dijeron? Ya te lo podrás imaginar: ¡Querían cerrar mi programa!

 

      “Va a salir mucha gente, pero a vos es seguro que ¡te sacan!”, me dijo un colega del canal.

      Sentí impotencia y ganas de llorar; y al igual que el vaso, todo se vino abajo. Las manos y las piernas me flaquearon. Me sentí aturdida y no escuchaba bien a mi madre que me miraba con terror y me preguntaba una y otra vez: “¿Qué te pasó? ¿Qué te dijeron?”

      En cuestión de segundos, en medio de la desilusión, la rabia y un montón de sentimientos encontrados, una y otra cosa pasaron por mi cabeza: la cuota del apartamento, el colegio de mi hija, obligaciones y más obligaciones. Ni siquiera se me ocurrió pensar que de pronto mi mamá se hubiera cortado con los vidrios —o yo misma.

 

      ¿Te das cuenta? Cuando nos sucede algo que llamamos “malo” empezamos a crear acontecimientos en nuestra cabeza que ni siquiera sabemos si llegarán a darse; estamos siempre pensando en el futuro, en las responsabilidades, en el miedo a no tener, a perder algo o a alguien.

 

      Ya hoy me río de ese día, de mi reacción, de haber pensado que el mundo se había acabado para mí. Es más, no sabes hoy cuánto agradezco que eso haya pasado. Créeme, no estoy siendo irónica; cuando aprendemos a ser felices, esos que llamamos “problemas” resultan ser “regalos” que nos ayudan a crecer en el camino.

 

      En este libro te daré muchos ejemplos de situaciones que, por su sencillez, crees que no afectan tu vida, pero si te detienes unos instantes a analizarlas, verás, muchas veces tú mismo/a eres quien saboteas tu felicidad. Por esta razón, es crucial aprender: hay contratiempos que vienen disfrazados de otros nombres —pero ya llegaremos allá a su debido momento.

 

      De manera que, si sientes que has fracasado, que la soledad será tu compañera permanente, que la vida no te brinda oportunidades como a otras personas, que no vale la pena disfrutar lo poco o mucho que posees, lee despacio cada una de estas páginas que tienes en tus manos, concentrado siempre en el aquí y el ahora.

CAPÍTULO UNO

Vive aquí y ahora

“No puedes hacer nada para cambiar tu pasado y el futuro nunca vendrá tal cual lo planeaste o esperarte verlo. El momento es ahora y aquí. Quédate en el presente”.

—Dan Millman

  ¿Sabías que 8 de cada 10 personas abandonan los proyectos que han emprendido con tanta motivación y ganas porque piensan que no  es el momento, que para qué afanarse si todavía tienen todo el tiempo del mundo para ejecutarlos? ¿Te ha sucedido esto alguna vez? Recuerda, el momento es ahora. No mañana… ¡Ahora!

 

      Prosiguiendo con la historia que venía contándote… Luego de explicarle a mi mamá lo que me dijeron por teléfono, y de tratar de resumir las consecuencias que ello traería, por fin mi cabeza se despejó un poco y pude corroborar que ni mi mamá, ni yo teníamos alguna herida causada por los vidrios del vaso al estallarse contra el piso —hecho al que no le di mucha importancia en un principio, como te habrás dado cuenta.

      Luego de tantos y tontos pensamientos, otros más absurdos pasaron por mi mente: ¿por qué no renuncié antes? ¿Por qué estudié lo que estudié? ¿Por qué no estudié odontología? ¿Por qué no seguí mis estudios de derecho? 

 

      En cuestión de minutos, ambas limpiamos el piso de la cocina y recogimos lo que quedó del que antes iba a ser mi delicioso jugo mañanero. Entre tanto, a manera de desahogo, decía en voz alta: “¿Por qué no acepté antes ese trabajo en el otro canal?”

      En Colombia existen dos grandes canales de TV. y ambos tienen su sede en Bogotá. Son grandes compañías que pertenecen a grupos económicos incluso muchísimo más grandes que los canales en sí. En cambio, en el que yo trabajaba en Medellín es un canal con programación local, pequeño, considerado por muchos como una escuela para poder llegar luego a alguno de esos dos grandes, si es que esa escasa oportunidad se presenta.

      Toda la vida trabajé en televisión, de manera que mi ca-rrera profesional casi siempre giró en torno a ese canal local. Y si ya no podía estar allí ¿entonces que más iba a hacer?

      Recibí varias veces, antes de aquella “fatídica” llamada, la propuesta para trabajar en uno de esos dos grandes canales, con la condición de tener que ir a vivir a Bogotá, pero siempre tuve excusas para no aceptar. ¿Cuáles? Ya te las contaré porque todavía sigo pensando en aquella pataleta que hice, desahogándome en frente de mi madre, tratando de cambiar el pasado: ¿por qué no acepté antes ese trabajo en el otro canal?

      Sin embargo, ¿puedes cambiar tu pasado? ¡No! Te lo vuelvo a preguntar: ¿puedes cambiar tu pasado? ¡Definitivamente, no! Entonces ¿para qué te preocupas por algo que no puedes controlar, ni cambiar?

      Míralo solo como eso… como el pasado. Recuerda que lo que pasó, pasó y no es posible cambiarlo. Eso sí, ten la certeza de que todo aquello que hiciste, ya fuera de tu agrado o no, era lo que tenías que haber hecho, lo que necesitabas vivir. No era de otra manera. Así hoy te arrepientas y digas: “Qué tal si hubiera…”. ¡No! No era de ninguna otra manera. Eso era y así era. Cada decisión que tomaste, correcta o no, era la que tenías que tomar en ese momento. No podía ser ninguna otra.

      Seguramente, habrás leído o te habrán dicho: “Lo que vivimos en el pasado era un aprendizaje. Cada situación difícil, incómoda o dolorosa era para aprender algo”. Es cierto, por eso, si no aprendiste la lección en aquel momento, el presente te volverá a poner en situaciones similares una y otra vez hasta que la aprendas definitivamente.

      Vivir aquí y ahora, disfrutar lo que estás haciendo, gozarte lo que tienes y dejar de preocuparte por aquello que solo está en tu imaginación es quizás uno de los secretos más sabios para gozarte esta existencia. Aceptar el momento presente como lo único real es librarte de esas preocupaciones que tanto te perturban. 

      Vivir aquí y ahora no da espacio para sufrir, ni para sentir angustia. ¡Cuando disfrutas plenamente tu vida, cuando cada cosa que tienes hoy hace parte de tu universo y tu momento, es cuando tienes esa gran fuerza creadora de felicidad!

No vivas en el pasado donde no puedes cambiar las cosas. Mejor vive en el hoy, pues es en él donde disfrutas tu presente.

Si te detienes a pensar, el pasado —más allá de las fotos y las enciclopedias— existe en tu mente. Son tus recuerdos y tus pensamientos los que te trasladan a un tiempo pretérito. Está bien recordar y añorar, pero lo que no está bien es seguir anclado a sucesos que ya ocurrieron o seguir sufriendo por ellos. 

Ama tu pasado, pues te ha llenado de sabiduría y expe-riencia, y te ha enseñado todo lo que sabes. ¡Ámalo, pero libérate de él!

Me estarás cuestionando: “¿Diana, pero cómo hago para no sufrir por cosas que

¡El pasado pasó!

me atormentan constantemente, para no martirizarme por cosas que hice a plena conciencia?” Hay muchas maneras, pero eso sí, yo no puedo hacerlo por ti. Eres tú quien debes aprender a perdonar tu pasado y, junto con él, esas acciones que reconoces que no fueron correctas; si ofendiste a alguien, si cometiste un delito, si llevaste una vida equivocada, perdona todo ese pasado y perdónate a ti mismo.

      Acepta que no podrías haber actuado de manera diferente, que eso era lo que te correspondía hacer para aprender y crecer. Te diré esta frase que tanto repito: “Cada uno hace lo que puede con las herramientas que tiene”. ¿Qué logras cuando piensas constantemente en una situación que ya pasó? Creo que sé la respuesta: sufrir. ¿Te gusta sufrir? Creo que no, así que agradécele al pasado y míralo como algo que no puedes modificar, pero del cual aprenderás bastante.

      Deja solo buenos recuerdos en tu memoria para que tengas presente quienes son los seres que realmente te aman, pero todo lo demás, déjalo de lado. Échalo a la papelera. Renuncia a esos remordimientos y angustias. Cada día que dejes de traer malos recuerdos a tu presente será de más dicha y provecho.

      Te hace infeliz estar siempre sufriendo por un pasado que ya no tiene nada que hacer en tu presente. El pasado solo te debe servir para volverte más fuerte, para aprender de él y no volver a caer en los mismos errores. 

      Si te digo que es posible superar tu pasado es porque yo también estuve muchos días atrapada en él. ¡Me culpé! ¡Me di golpes de pecho! Pero cuando entendí que ese pasado me estaba formando y ayudando en mi evolución espiritual, lo agradecí. No había otra manera, pasó como debía pasar. ¡Y tú también lo puedes superar! La realidad de nuestra vida está en el presente. Hoy soy feliz por vivir el aquí y ahora. ¿Por qué no lo intentas? Créeme, mi pasado tampoco fue fácil, pero ya son cenizas en el viento que se alejan mientras el sol me abriga cuando miro de frente el hoy.

      “¿Y qué hay del futuro?”, te estarás preguntado.

 

      Bueno, el futuro también será pasado. Deja que la vida fluya, no la presiones,

cada cosa por venir llegará será lo mejor que te pueda pasar. Sueña, pero no

conviertas en pesadilla tu sueño. 

 

      Estás construyendo tu futuro con cada pensamiento, acción y

emoción lo que estás viviendo ahora es el resultado de lo que hiciste

y lo que pensaste tiempo atrás.

      Por esta sencilla razón, debes aprender a seleccionar cada

uno de los pensamientos que se cruzan por tu mente; es una tarea

bien compleja, pero así como tienes la capacidad de seleccionar

tus prendas de vestir, tus alimentos, tus amigos, los lugares que visitas,

así también es posible escoger cada uno de los pensamientos que visitan tu mente cada día de tu vida, pues estos se convierten en tu realidad. Por lo tanto, entrénate en este hábito y, si no lo tienes, lo adquirirás.

      Cada uno de tus sueños es una proyección hacia el futuro, por eso es crucial que seas muy cuidadoso con lo que deseas, pues una vez tus deseos se vuelven realidad, ya no hay marcha atrás, llegan tal cual los pensaste y los deseaste, con todo y detalles.

      Mira el futuro como una oportunidad, pero teniendo claro que sus cimientos están en el presente. Si quieres tener una buena salud cuando tengas más años, pues necesitas cuidarte desde ya; si anhelas tener una linda familia, ocúpate en construirla desde el amor, día a día y desde ya; y si de dinero se trata, ni se diga; tienes que trabajar, invertir y ahorrar hoy, pues nadie te asegura que mañana te ganarás la lotería.

      Debes tener presente: “Así como hay cosas que pasan por algo, también hay cosas que, por alguna razón, no pasan”.

      Imagina que estás frente a un riachuelo que fluye sin afán en medio del bosque. Deja que la vida corra como el agua, ya viene, ya pasa y ya sigue; pero sacia tu sed cuando pase frente a ti. Recuerda, aquí y ahora es el ingrediente base de tu felicidad.

Tiempos por venir